Ideas

Por Enrique Ruiz. Hace 5 meses En Blog.

Una española de Euzkadi que venía de recorrer México y visitar a su hijo estudiando en Monterrey me pregunta al aterrizar ¿Aquí cuántas horas más son a comparación de Monterrey? Le respondí que dos, actualizando también la hora en mi reloj.

A las 2:00 pm del sábado estábamos llegando a Miami, ciudad que sólo conozco por películas como Scarface y por los Delfines, equipo favorito de mi papá con todo y las falsas esperanzas que le dan año tras año ya no se diga de llegar al Super Bowl, sino de pasar cuando menos a los playoffs.

Fuimos turistas. Le tomamos fotos a yates de desconocidos, a una isla supuestamente de famosos, a las llamaradas que distinguen al pre-game show del Miami Heat, quienes resintieron (al menos ese día) la ausencia (o los puntos) de su ex-delantero LeBron James.

Un mexicano aquí se siente como en casa. El español en todas sus variantes predomina y cada Uber tomado era un juego de adivinanza de acento y nacionalidad del conductor. Uno de ellos, cubano, nos dijo que en Hialeah hay más cubanos que en Cuba y que la playa de Varadero es de las tres más bonitas del mundo. También nos compartió la definición concreta de la palabra logística. Hasta cierto punto fue como consultar Wikipedia.

Llegó el lunes y estamos a pocos minutos de ver a nuestro cliente para comenzar dos días de trabajo. Estoy en el lobby del hotel tomando café y leyendo un libro que habla de Essentialism y del principio less but better. De no avanzar milímetros en mil direcciones, sino kilómetros en una sola. Del vital few versus el trivial many, y de cómo lo primero es lo que debe regir nuestras decisiones.

Llego a la conclusión de que por eso estamos aquí. De que el equipo del que ahora soy parte tuvo claro lo vital y descartó hacer de todo para avanzar kilómetros en una sola dirección (especialización). Esta decisión llevó a un proyecto que llevó a otro más grande que nos trajo a estar sentados desayunando en un hotel previo a una junta con un cliente de esos con los que da gusto trabajar, en un proyecto trascendente para ellos y para nosotros.

Hay pocas cosas vitales tanto en lo profesional como en lo personal. Tenerlas claras facilitan nuestras decisiones y la inversión del único recurso que realmente poseemos: tiempo. El camino que lleva a Miami (o a un proyecto de valor en el que nuestras habilidades y nuestro tiempo contribuyen su mayor aportación) tiene su punto de partida en definir lo vital. Quizá algún día en el futuro esos kilómetros acumulados en la dirección correcta puedan ser canjeados por una sensación de satisfacción producida de haber escogido poco, pero haber escogido lo mejor.

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