Ideas

Por Enrique Ruiz. Hace 8 meses En Historia, Human, Inspiración, Propósito.

Se llamaba Fred McFeely pero era conocido por todos como Mr. Rogers.

Mr. Rogers llevaba quince años haciendo un programa para los niños de Estados Unidos. El show llevaba su nombre y él era el responsable de escribir el guión, componer la música y hasta ser el anfitrión del programa que duraba media hora y era transmitido por televisión en todos los hogares estadounidenses.

Pero para él no se trataba de tener un show. Mr. Rogers tenía su WHY muy claro, a él le importaba que los niños y las niñas crecieran emocional y mentalmente sanos. En el programa se abordaban situaciones muy sencillas con las que cualquier niño podía relacionarse; y Mr. Rogers a través de música y con marionetas enseñaba una lección, una forma positiva de lidiar con emociones y superar situaciones, haciéndolo de manera divertida.

Pero en 1969, el entonces presidente Nixon emprendió la iniciativa de reducir el presupuesto televisivo a la mitad, matando casi en automático el show de Mr. Rogers y muchos otros en el camino. Y aquí es donde empieza lo bueno.

Mr. Rogers tuvo la oportunidad de argumentar el WHY de su programa ante una audiencia difícil y ante un senador que le dio exactamente 6 minutos para convencerlo de salvarlo.

6:00, 5:59, 5:58…

Mr. Rogers comienza explicando la historia del show, de las organizaciones y estaciones que conociendo el propósito noble del programa se habían sumado a su causa con donaciones.

4:40, 4:29, 4:48…

Mr. Rogers profundiza y le platica al Senador sobre el contenido del programa. Sobre el medio de expresión de cuidado y atención que es para los niños, velando por su salud emocional.

3:35, 3:34, 3:33…

Mr. Rogers le dice al Senador: ¿Puedo leerle la letra de una de las canciones del programa? El senador accede.

¿Qué haces cuando te sientes enojado, tan enojado que puedes morder? Golpeas una bolsa? O ves qué tan rápido puedes correr? Se siente bien detenerte cuando planeas hacer algo mal, y hacer otra cosa como cantar esta canción: Puedo parar cuando quiera, puedo parar si lo deseo, puedo parar, parar, parar en cualquier momento y qué bien es sentirme así. Y saber que esto que siento es mío y es real, porque hay algo adentro que me ayuda a ser mejor. Porque una niña un día sera una mujer, y un niño un día será un hombre.

Tras escuchar la letra, el senador simplemente le otorga los 20 millones de dólares para el programa y el resto es historia. No parece obvio en primer instante, pero Mr. Rogers salvó su programa tocando las fibras más humanas del senador, humanizando su propia narrativa. La letra de esa canción con la que cierra su argumento es lo suficientemente personal y potente para que el Senador Pastore revocara la iniciativa, creyera en la causa de Mr. Rogers y apoyara con fondos su programa.

De ahí la importancia de humanizar las narrativas en los contenidos que creamos, para las marcas de nuestros clientes y para nosotros mismos. Porque como seres humanos, empatizamos más con historias y a veces subestimamos el poder que tienen para detonar una acción en otros. Mr. Rogers no convenció con datos, ni cifras, ni porcentajes. Sino con la simple letra de una canción. Tomemos su ejemplo y por más difíciles que sean nuestras audiencias, apelando al lado humano de ellas podremos llegar tan lejos como queramos.

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