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Por zam gtz. Hace 2 meses En Innovacion.

El fracaso. Por mucho tiempo he valorado sus aprendizajes, he asistido y expuesto en eventos que tienen como base los errores que cometemos en emprendimientos, proyectos y negocios.

Pero recientemente me asaltó la idea de que aprender de los errores está sobrevalorado, tan es así, que creo que hemos hecho del fracaso un culto, adorando los errores sobre los cuales (según) construimos nuestros éxitos, exaltando a aquellos que orgullosos hablan de sus fracasos como si fueran absolutas victorias.

El verdadero lugar del fracaso

Pero, siendo honestos, ¿qué es lo que realmente aprendemos de los errores? ¿A no repetirlos? ¿Qué tan valioso es esto en la vida real?

Hice este post para Instagram y me llovieron varios mensajes de personas que sintieron que demeritaba por completo uno de los alicientes más populares de nuestros días: la idea del orgullo y la bendición del fracaso.

Me cuestiono esto a partir de leer lo que propone Jason Fried en el libro Rework, donde cuenta que un estudio de Harvard encontró que los emprendedores que ya tienen éxito tienen más probabilidades de repetirlo hasta en un 34%. Pero los que fracasan tienen la misma tasa de éxito que los que están empezando: solo el 23%. Por lo tanto, quienes fallan tienen las mismas probabilidades de éxito que quienes no han acumulado aprendizajes a través del famoso fracaso.

Por esto es que es tan peligroso rendirle culto al fracaso, ya que de lo que verdaderamente aprendemos es del éxito.

Y hace todo el sentido del mundo.

Tomemos por ejemplo la famosa frase atribuida a Edison.

«No fallé. Encontré 10,000 formas de no hacerlo».

Al leerla con esta nueva óptica, me cae el veinte que nadie se acuerda de esos 10,000 errores, sino que hemos construido sobre el acierto del inventor, como sucede en todos nuestros proyectos: los elaboramos a partir de los hallazgos exitosos.

Me hace pensar que lo que en verdad nos deja aprendizajes relevantes es el éxito, porque así podemos identificar lo que funciona, repetirlo y mejorarlo.

En pocas palabras, de lo que verdaderamente aprendemos es del éxito no del fracaso y mucho menos del fracaso ajeno.

El fracaso definitivamente tiene su lugar, como piedritas que encontramos y provocamos en un inevitable camino, acotando el rumbo al destino que sí importa y el que de verdad merece el aplauso y reconocimiento: la victoria, el éxito, o como le quieras llamar.

Por eso propongo dejar de aplaudirle y enorgullecernos del fracaso, para así tratar de evitarlo a como de lugar, y si llega, aprendamos rápido para nunca más repetirlo, manteniéndonos en un modo always beta.

Y no está de más, regresarle un poco de la vergüenza que todo fracaso debe tener, es sano y necesario para poder avanzar.

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