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Por nett. Hace 4 años En Blog.

Divinski, el editor de Quino.

Tras el nombre de Joaquín Salvador Lavado se esconde un personaje de fama mundial. Y es que con el seudónimo de “Quino”, Lavado es, por mucho, el caricaturista más conocido en lengua española. Su personaje Mafalda ha logrado lo que pocos podrían siquiera imaginar: ha traspasado tanto fronteras como generaciones. Los compañeros de esa pequeña de humor ácido y peleada con la sopa, también se han vuelto iconos de la cultura latinoamericana. Susanita, Manolito, Libertad…

Mafalda

Lo que no muchos saben es que, tras Joaquín Lavado, está la historia de uno de los hombres que ha contribuido a que Quino sea tan conocido. Se trata de un viejo editor, un hombre de sonrisa perenne y comentario agudo que también se ha dado el lujo de publicar libros de otros iconos del humorismo latinoamericano como Fontanarrosa (Boogie el aceitoso) y Liniers (Macanudo), así como a muchos autores de fama mundial.

Conocí a Daniel Jorge Divinsky en Monterrey hará cosa de 15 años, unos más, unos menos. Estaba sentado en una mesa en la recepción de uno de los hoteles del centro, quizá el Ancira, Quizá el Ambassador, durante uno de los primeros Encuentros de Escritores en la ciudad.

El hombre esperaba que llegara su transporte para llevarlo a una de las tantas actividades programadas. En esa época yo tenía años de saber de él y estaba metiéndome de lleno en el mundo de las letras. Tras presentarme, me pidió amablemente que me sentara a su lado y como no interrumpía nada, lo hice de buen modo. No recuerdo de qué comenzamos a platicar (espero que no haya sido del clima, tema que solo sirve para demostrar que no hay temas en común entre dos personas) pero en un momento dado le dije que seguramente con tantos autores que manejaba había hecho mucho dinero. Don Daniel levantó la ceja antes de decirme.

– Y así me la he gastado.

Intrigado, me atreví a preguntar por qué decía eso.

– Fácil – contestó, gané mucho con Quino y con otros autores, pero me lo gasté publicando a quienes no tenían muchas ventas pero eran muy buenos, confié en ellos. Algunos han triunfado, otros aún no lo hacen.

No entendía.

– Mirá – continuó con su acento argentino –¿Para que quería yo juntar tanta plata si no era para hacer lo que me gustaba? ¡Claro! unos me dejaban mucho y otros me quitaban algo, pero al final estoy aquí, contento de lo que he hecho.

– ¿Y los socios del negocio?

Volteó a verme como si se arrepintiera de haberme permitido sentarme a su lado. Este muchacho no entendía nada. Luego, se acomodó en la silla y continuó.

– ¿Qué hace la gente cuando acumula un buen dinero? hace dos cosas: o junta más, que no tiene mucho sentido porque ni modo que se lo coma, o hace algo con él. Yo lo invertí en otros escritores, varios. Esto me ha dado una libertad que me dejó apoyar a quienes creía que tenían talento aunque en otras partes les cerraban las puertas (se cuidó muy bien de decir nombres, la prudencia de un buen hombre). Si te has creído eso de que el dinero no hace la felicidad, te quedaste con la mitad de la idea, porque el dinero solo no la hace, muchas veces estorba, pero lo que hagas con él sí. Yo no me voy a llevar nada más que lo que he hecho por otros, y con eso me doy por bien servido.

Así, don Daniel explicó lo que era Ediciones de la Flor, uno de los sellos independientes más reconocidos en el continente. No son las grandes ventas pero sí muchos de los grandes libros.

Entonces, cuando terminó su explicación, como en un acto coordinado, apareció el chofer que esperaba. don Daniel se despidió y caminó hacia la entrada. Contento, seguramente, de darle una lección al que esto escribe.

Así sucedió, más o menos.

@pedrodeisla

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