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Por Ricardo Prado. Hace 4 semanas En Home office.

Cuando la pandemia por covid-19 obligó a algunas empresas a cerrar sus instalaciones para preservar y anteponer la salud de sus colaboradores, las videollamadas parecían la solución más elegante y sensata para desempeñar el trabajo remoto, sin embargo, se ha comprobado que esta herramienta digital desgasta la psique de maneras complicadas.

El término “zoom fatigue”, nace para describir el cansancio, la preocupación o el agotamiento asociados con el uso excesivo de las plataformas virtuales de comunicación.

Y aunque este agotamiento claramente también aplica si estás utilizando Hangouts, Skype, Teams o cualquier otra interfaz de videollamadas, la explosión sin precedentes del uso de Zoom es lo que acuña la expresión del término a nuestra comunicación cotidiana, algo similar a lo que ocurre cuando nos referimos a “googlear” cualquier asunto.

Esto ha lanzado un experimento social, oficialmente no reconocido, que muestra a escala poblacional lo que siempre ha sido cierto: las interacciones virtuales pueden ser extremadamente difíciles para el cerebro.

Pero, para entenderlo mejor ¿por qué pasa esto?

Los humanos nos comunicamos incluso en silencio. Durante una conversación en persona, el cerebro dedica una parte de su atención a las palabras que dice y escucha, pero también le asigna un significado adicional a las decenas de señas no verbales que percibe.

Por otro lado, una videollamada afecta estas habilidades naturales y, en cambio, requiere una atención constante e intensa a las palabras. Si se enmarca a una persona solo de los hombros hacia arriba, se elimina la posibilidad de ver gestos con las manos u otro lenguaje corporal. Si la calidad del video es mala, cualquier esperanza de interpretar las expresiones faciales se desvanece.

Una vez comprendido esto, ¿existe una explicación psicológica del por qué experimentamos zoom fatigue?

Podemos comenzar la exploración revisando el proceso de fatiga mental en general. Un componente psicológico central de la fatiga es una compensación entre recompensas y costos que ocurre en nuestras mentes de manera inconsciente.

Básicamente, en todos los niveles de comportamiento, se hace un intercambio entre las recompensas probables y los costos de participar en una determinada actividad.

Por ejemplo, los retrasos de audio inherentes a la tecnología de una videollamada se asocian con más percepciones negativas y desconfianza entre las personas, lo que hace que se perciba una recompensa menor cuando las personas interactúan entre sí.

Otro ejemplo es la mirada mutua directa, existe evidencia sólida sobre cómo el contacto visual mejora la conexión: respuestas más rápidas, mejor memorización de rostros y mayor empatía.

En un video, la mirada debe estar dirigida a la cámara para que parezca que está haciendo contacto visual con el observador, además la vista en mosaico, donde todos los participantes de la reunión aparecen en pantalla, desafía la visión central del cerebro, lo que lo obliga a decodificar a tantas personas a la vez que nadie llega de manera significativa, ni siquiera el hablante.

Entonces, ¿qué podemos hacer para intentar disminuir los efectos del zoom fatigue?

Si bien explorar formas alternativas y más explícitas de mejorar psicológicamente la recompensa percibida durante la comunicación virtual puede ser un enfoque terapéutico para la fatiga causada por las videollamadas, creemos que existen 3 sencillas acciones que podrías poner en práctica para tener una mejor “rela-zoom” con el mundo de las videollamadas (comencemos con este mal chiste y juego de palabras para suavizar tu día).

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No caer en la receta general. No por el hecho de que muchas empresas hayan implementado las videoconferencias como método de comunicación durante el período de home office, quiere decir que funcionará igual para todas las organizaciones.

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Ponte en los zapatos de tus compañeros. Recuerda que tus compañeros y tú “no están trabajando desde casa, están en casa en medio de una crisis sanitaria, intentando trabajar”. Debemos ser más conscientes y tolerantes ante las posibles situaciones que nuestros colegas están viviendo.

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Complementa tu comunicación. Existen muchas herramientas y procesos que podemos utilizar para que la comunicación y la carga de trabajo fluya de una mejor manera.

Algunos ejemplos son los servicios de mensajería instantánea como WhatsApp, Slack, Telegram, los cuales, principalmente a través de sus grupos, ayudan a mantener una comunicación constante, aunque de manera asincrónica. De igual forma están los task manager como Basecamp, Monday, Asana, que ayudan a delegar tareas y mensajes importantes que todos pueden revisar y desempeñar a su propio ritmo.

Si te interesa conocer más sobre la relevancia de este tema, te invitamos a escuchar el episodio completo de “Zoom fatigue” en nuestro podcast “Ideas Nett”. Disponible en Spotify, Anchor y Apple Podcast.

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